Opinión pública
y lenguaje periodístico

Artículo 371 de la Constitución Española de 1812: “Todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo las restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes.


El 10 de noviembre de 1810, las Cortes de Cádiz reconocieron por primera vez en nuestra historia la libertad de prensa mediante el IX Decreto que otorgaba a la ciudadanía la facultad de publicar sus pensamientos e ideas políticas, reconociendo el valor de la opinión pública para guiar a los gobernantes y criticar la actuación del poder público."Todos los cuerpos y personas particulares de cualquiera condición y estado que sean, tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión y aprobación alguna anteriores a la publicación, bajo las restricciones y responsabilidades que se expresarán en el presente decreto".

Todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación.

La libertad de imprenta fue acogida en 1810 con lógico alborozo en los sectores liberales, pero los medios conservadores se mostraron muy desconfiados. Y a pesar del debate, o quizá por ello, nacerá la opinión pública en Cádiz y desde aquí llegará a América donde servirá como altavoz para la construcción de las nuevas identidades y los nuevos países que logran conquistar su independencia. El decreto fue, en general, el punto de partida de una nueva situación, pero su aplicación concreta en cada lugar de América estuvo sometida a los vaivenes políticos que marcarán todo el siglo XIX.


El nacimiento de la prensa moderna tiene su origen en Cádiz y desde aquí se extenderá una nueva manera de contar y de informar que dará como fruto la diversidad de cabeceras y la libertad y la independencia del oficio de periodista.

“Allí aparecieron, arrebatados de una mano a otra mano, los primeros números de aquellos periodiquitos tan inocentes, mariposillas nacidas al tibio calor de la libertad de la imprenta, en su crepúsculo matutino; aquellos periodiquitos que se llamaron El Revisor Político, El Telégrafo Americano, El Conciso, La Gaceta de la Regencia, El Robespierre Español, El Amigo de las Leyes, El Censor General, El Diario de la Tarde, La Abeja Española, El Duende de los Cafés y El Procurador general de la Nación y del Rey; algunos, absolutistas y enemigos de las reformas; los más, liberales y defensores de las nuevas leyes” (Benito Pérez Galdós, Cádiz)

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