García Montero: "Un filólogo no está para regañar a los periodistas"

Acudían dispuestos a someterse a un examen por parte del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, pero el poeta granadino ya advirtió que no estaba ayer en la Universidad de Cádiz para criticar cómo hablaban los periodistas sino para expresar preocupaciones, en torno a esta profesión y en torno a la democracia, que son más importantes que la manera de expresarse en los medios de comunicación.

Comparecían ayer, jueves 8 de julio, en una misma mesa junto al director del Cervantes, cuatro habituales de las tertulias políticas de los medios: Esther López Palomera, adjunta al Director en eldiario.es; el director editorial de Infolibre, Jesús Maraña Marcos; el redactor Jefe de Política de El País, Javier Casqueiro Barreiro, y la redactora jefa de El Mundo, Lucía Méndez Prada.

Y abrió el turno Esther Palomera, que por algo era la coordinadora de esa mesa incluida dentro de los cursos de verano de la UCA. Empezó desgranando una serie de debates que de una u otra manera están presentes desde hace años en los dilemas del periodismo. “Las palabras no son inocentes. Lo sabemos los periodistas y los ciudadanos y cuando los políticos se apropian de ellas, mala cosa. ¿Qué hacemos para evitarlo?” dijo lanzando el guante a sus compañeros de tertulia.

Palomera también se refirió a esas “palabras que se emplean para despistar” y a la “escalada de eufemismos en el lenguaje político” que se vive hoy en día. “Tenemos obligación de hablar claro”, apostilló con rotundidad.

Tampoco quiso pasar la oportunidad de expresar cómo las redes sociales han cambiado el periodismo y la forma de escribir. Y no quiso eludir una de las cuestiones más controvertidas: el lenguaje igualitario. Sobre ese tema, Luis García Montero dejó claro que la cortesía no está reñida con la incorrección: “Hay que distinguir entre lengua y habla. Es verdad que en el idioma el uso del masculino es inclusivo, pero si yo estoy en este acto y saludo a los amigos y amigas presentes, estoy haciendo que todos se sientan incluidos”. Tuvo duras críticas, sin embargo, para lo que llamó “ocurrencias” como el uso de la letra ‘e’ para evitar hablar en femenino o masculino. “Hacer esos cambios en el idioma pone en peligro la capacidad de comunicación y la unidad del idioma”, al tiempo que añadía que “se puede confundir una bella causa con una tontería”. El director del Instituto Cervantes cree que, pese a todo, “serán los hablantes los que impongan cómo se tiene que decir”.

“El lenguaje inclusivo está muy bien como teoría, pero desde la política hay que hablar para que te entienda todo el mundo”, agregó Lucía Méndez. En su opinión, muchas de las nuevas formas de usar el lenguaje inclusivo tienen que ver con que “hay personas que se toman muy poco en serio las instituciones a las que representan”.

García Montero sí se mostró preocupado por el “momento de descrédito” que atraviesan algunas instituciones y profesiones que son el pilar de la democracia. En el caso del periodismo, manifestó, “tienen que ser los periodistas los que devuelvan el crédito a la profesión”.

“Ya no estamos en un momento de puristas en los que los filólogos regañaban a los periodistas” y añadió que “un filólogo no es un purista. No se trata de decirle a la gente cómo tiene que hablar sino ver cómo habla la gente y dar testimonio de lo que dicen los hablantes. Respetar todos los matices y mantener la unidad del idioma”. “Los puristas -se atrevió a decir- son unos pedantones”. En cualquier caso, García Montero se mostró convencido de que “el español es una lengua muy fuerte” que puede convivir perfectamente con neologismos que después pasarán a ser de uso común.

Aunque el tema fuera el lenguaje en el periodismo político, era casi inevitable tocar la situación de ambos: del mundo del periodismo y de la política. “Un lenguaje de guerra”. Así definió Lucía Méndez a la forma de hablar de los políticos que se ha trasladado ya a las tertulias. “Lo que prima es el sentimiento y la opinión”, dijo, y de hecho, “se usan conceptos más morales que políticos”. Los hechos, vino a refrendar, “ya no son objetivables, porque las palabras ya no significan lo mismo”. Méndez denunció también la “memeficación” de la política y del periodismo. Son las nuevas narrativas, incidió, lamentando que “no se trata de otra manera de contar las cosas, sino de hacer chistes”.

Respecto a las redes sociales, la periodista de El Mundo prefiere resignarse: “Nos alimentan y nosotros las alimentamos”. Se mostró preocupada por lo que considera un peligro actual para la profesión: “Los medios tienen que pelear con todas estas cosas por la atención de los lectores, que han pasado ya a ser consumidores o usuarios y a decidir qué noticias quieren leer, a menudo para refrendar sus opiniones, y el peligro está en que quien paga, manda”.

En contraposición, el redactor jefe de Política de El País quiso ofrecer algunos datos esperanzadores al hablar de un estudio sobre la evolución del léxico desde 1914 a 2014. “Es bastante similar al que tenemos ahora”, pero hay una evolución: “se han eliminado los sexismos y las palabras peyorativas”. En su opinión, las redes sociales también han traído aspectos positivos al periodismo, “al permitirte interactuar con lectores, con personas que también te aportan datos para tu trabajo”. Eso sí, recalcó que las reacciones negativas son muy diferentes entre los hombres y las mujeres. “A las dos compañeras que tengo en esta mesa les dicen grandes barbaridades en redes sociales”.

Quien quiso aterrizar el debate en lo local fue el leonés Jesús Maraña, director de Infolibre: “El periodismo político, nació aquí, en las Cortes de Cádiz. Fue cuando los debates entre los políticos empezaron a trasladarse a la prensa”. Sin embargo, advirtió que la situación ha cambiado notablemente desde aquellos comienzos del siglo XIX hasta la actualidad. “Ahora la exigencia es mayor, porque el ciudadano puede escuchar el ‘original’, puede ver un video con las declaraciones de un diputado o del presidente; por eso el periodismo político debería dedicarse a explicar los términos y desmontar las falacias”. Maraña criticó lo que llama la “declaracionitis”: esas crónicas dedicadas a trasladar al papel o a otro soporte lo que dicen los políticos, sin ningún análisis ni contexto. “La función del periodista no debe ser esa. Cada vez que aceptamos y transmitimos esos términos para disfrazar las mentiras, estamos dejando de hacer nuestro trabajo”, dijo. La neolengua, advirtió referiéndose a esos eufemismos y términos que disfrazan los hechos, “evoluciona permanentemente y hay que estar atentos e ir filtrándola”.

En el acto, que se desarrolló en el Aula Constitución 1812 de Cádiz, estuvieron presentes el rector de la Universidad de Cádiz, Francisco Piniella, y el vicerrector de Cultura, José María Pérez Monguió, así como los concejales del Ayuntamiento de Cádiz Lola Cazalilla y Paco Cano; y el diputado provincial Jaime Armario. Al finalizar el debate, Cazalilla y Cano obsequieron a los participantes con un lote de promoción de la candidatura de Cádiz al Congreso de la Lengua Española de 2025, un evento cuya sede debe decidir el Instituto Cervantes y las academias de la lengua española.